miércoles, 5 de julio de 2017

LA PROTECCIÓN DEL COLCHÓN, EL COMPLEMENTO PERFECTO E INDISPENSABLE.

Cuando pensamos en adquirir un nuevo equipo de descanso, empleamos la mayor parte de nuestra energía en mirar colchones ya que al fin y al cabo es lo que nos va a suponer la inversión más importante y donde aplicaremos todo el peso de nuestro cuerpo.

Pero como todas las inversiones hay que cuidarlas, protegerlas y asegurarlas y ésta concretamente nos debería de asegurar un descanso placentero que nos permita tener un buen rendimiento durante nuestra actividad diaria. No hay que olvidar que un descanso sin interrupciones de como mínimo 7 horas nos permite afrontar nuestro día a día de la mejor manera.

Pues bien, esa protección nos la van a proporcionar las fundas y protectores que elijamos para cuidar el colchón y determinará en gran medida la durabilidad y el mantenimiento de las prestaciones de ese colchón.

Así pues, la elección del protector del colchón resulta fundamental y debería hacer emplearnos tan a fondo en su elección como con la  del colchón. Pasamos, por lo tanto, a enumerar las diferentes opciones que tenemos y sus características:


  • Fundas de colchón: Suelen ser de algodón o mezcla -50% algodón, 50% poliéster- y se usan para proteger la totalidad del colchón del polvo o manchas leves. Lo ideal sería colocar una funda siempre previamente a la colocación del protector pero resulta casi indispensable para aquellos colchones que están sobre somieres ya que el polvo que se genera debajo de la cama puede alcanzar al colchón por la parte de abajo y mancharlo. Además hay colchones a los que es necesario darles la vuelta periódicamente así que aún resulta más necesario ya que en unas semanas estaremos durmiendo sobre la parte que ha estado expuesta al polvo del suelo. No sería tan necesario si tenemos una base tapizada o canapé.
  • Protectores impermeables no acolchados. Suelen ser láminas de poliuretano de mayor o menor grosor adheridos por calor a diferentes tejidos como algodón o lyocell. En general presentan más ventajas en cuanto al mantenimiento pero más inconvenientes en cuanto a su confort. Básicamente son fáciles de lavar y secar, caben normalmente en cualquier lavadora y su precio es más reducido. El problema más habitual es que hay quien lo usa cuando en realidad no lo necesita y aunque se venden como transpirables por tener poro abierto no tienen capacidad de absorción, por lo tanto siempre vamos a disponer de una mejor transpiración si no estamos en contacto directo con una lámina de poliuretano. Para sudoraciones o incontinencias leves, un buen protector acolchado, cardado en multicapas es capaz de retener y absorber el incidente y por supuesto transpirará por la cámara de aire que forma dicho acolchado.
  • Protectores acolchados. Este tipo de cubrecolchones, cuando son de calidad, presentan un relleno hecho en multicapas de fibra de poliéster o fibras naturales como el lyocell o el algodón. Sus prestaciones más importantes son añadir un confort adicional al colchón y protegerlo de sudoraciones o pérdidas leves. El acolchado, en ningún caso hace perder las propiedades del colchón porque el peso del cuerpo hace que se hunda lo suficiente para que percibamos dichas propiedades. La opción del acolchado impermeable es muy interesante para quien tiene pérdidas importantes ya que no manchará el colchón, absorberá la incontinencia para mantenernos secos y transpirará por la cámara de aire que forma el acolchado. Por contra, son más voluminosos y en medidas grandes puede que no quepan en la lavadora y debido a que absorben más tardan algo más en secar. 
  • Topper. También llamados sobrecolchones, están destinados a cambiar el confort original del colchón. Los de fibra y plumón aportan un mayor mullido y una sensación de confort como de "estar en una nube" muy agradable. La sensación final es la de descansar sobre una superficie más blanda. El de visco aporta una sensación más parecida a la que tiene un colchón nuevo, de ahí que se utilice cuando ya tenemos un colchón que por varias razones no nos satisfaga, se haya ablandado con el tiempo o que en la propia elección inicial nos hayamos equivocado.
  • Por último, añadir que la durabilidad de las prestaciones de estos productos en buenas condiciones de uso son de unos 3 años de media con lo que la inversión realizada en un primer momento se compensa de sobra gracias a que hacemos durar más al colchón y nuestro confort general aumenta notablemente.